Miércoles, 26 de octubre de 2011

19:00 horas

Aula Magna de la Facultad de Filología

Entrada libre hasta completar el aforo

http://eduardoberti.blogspot.com/

 

 

 

EDUARDO BERTI nació en Argentina. Ha publicado cuatro novelas: Agua, La mujer de Wakefield, Todos los Funes y La sombra del púgil, un libro de microficción (La vida imposible), una colección de textos breves (Los pequeños espejos) y dos libros de cuentos: Los pájaros y Lo inolvidable. Sus libros han sido traducidos en Inglaterra, Japón, Portugal, Corea y Francia. Todos los Funes, finalista del premio Herralde, fue uno de los libros del 2004 para el Times Literary Supplement de Gran Bretaña. La traducción al francés de La mujer de Wakefield fue finalista del Premio Fémina. Además de escribir, es traductor, periodista, fundador de la editorial La Compañía y autor de antologías como “Galaxia Borges”, “Historias encontradas” o “Los cuentos más breves del mundo”.

 

 

Porque no había mayores alternativas, constantemente hacían lo mismo: trabajar, dormir, charlar, jugarse bromas y volver a trabajar, hasta perder la noción exacta del tiempo. En cierto modo, sentían que durante esos meses el mundo no existía fuera de aquella triste zona pedregosa. La labor era tan monótona y tan poco interesante que podían hacerla con la mente en blanco. Nadie les había explicado con qué fin juntaban las piedras. Saberlo no les quitaba el sueño, tampoco. Pero por supuesto que había algún propósito; por supuesto que con esas piedras se construían murallas, se conformaban viviendas, caminos, muelles… Toda una serie de cosas, todo un mundo de piedra domesticada.

Cuatro montículos rodeaban o incluso estrangulaban la casa en que dormían: un barracón, en realidad, con cuatro paredes de lata y con un techo inclinado, hecho del mismo material, que en las frecuentes noches de lluvia se volvía, más que ruidoso, escandaloso. Si un día en que el cielo estaba azul se trepaban al montículo de piedra más elevado (Castro le decía “montaña”), alcanzaban a ver, bien lejos, la silueta alborotada de un puerto. Era lo único ajeno al trabajo que ofrecía el horizonte y, aun así, se trataba de una imagen laboral.

 

 

Eduardo Berti, Lo inolvidable, Páginas de Espuma, 2010.

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